[:es]

Leandro Perpiñán Quartet

Plaza de la Constitución, Utrera (Sevilla), 24 de julio de 2012

Uno no es de donde nace sino de donde se va haciendo. Una vida que se abre según caminas y que a los del terruño poco viajado les sorprende como respuesta cuando te hacen la pregunta de rigor. Nada nuevo. Vuelvo justo al lado del edificio donde nací a ver un concierto de jazz. No es la plaza de la Trinidad de San Sebastián, es la plaza de mi pueblo, aunque casi nadie me reconozca.

Encuentros y desamores
Leandro Perpiñan es un saxofonista que conoce a la perfección el mainstream de su instrumento, que es como decir del jazz. Él sabrá, siendo valenciano y proviniendo de esa tradición de buenos metales cultivada luego en la Berklee, cómo ha ido a parar a Sevilla. Escuchando el acento de su pareja uno llega a entenderlo. Más complicado resulta encontrarnos a su cuarteto y lo más destacado del jazz hispalense en un pueblo como Utrera, que no es por que esté lejos de la capital, claro, es sólo que resulta irremediablemente una ciudad apática (igual debería decir anodina, pero no, he dicho apática). Aunque este hecho sucede en un exclusivo e inaudito caso, sorprendentemente afable con el jazz, al menos durante estos días de talleres y conciertos entre géneros (clásica de cámara, barroca, flamenco y jazz) en los que se celebra el voluntarioso, necesario y solitario (gracias al esfuerzo y mente inquieta del profesor del Conservatorio Superior de Música de Sevilla y saxofonista Juan Jiménez) Utrera Suena: ya saben, como más suena es como vértice del triángulo del flamenco histórico (ya desaparecido: es decir, pasado) al que se debe el pueblo y sus políticos…

Leandro nos presenta cada tema aunando pedagogía y complicidad. Dos standards, Isotope (1964) de Joe Henderson y Joy Spring (1955) de Clifford Brown, abren y cierran el concierto estableciendo un puente cronológico y estético por el que discurre la inspiración de sus composiciones. En sus palabras de introducción, debido a la temática sentimental de la que se que nutre, resumen igualmente los dos polos de Lovers Again y Olvidando que acotan de principio a fin su reciente y recomendable disco con esta formación: sobresalen motivos de desamor y reencuentro. Oportunas palabras iniciales en un lugar “familiar” en el que es posible que sólo haya esta oportunidad “pública” con el jazz para este año y lo que ello implica en el calendario (décadas). El saxofonista relaja la distancia escénica con el auditorio y motiva al respetable a identificarse con los sonidos y con aspectos musicales de estilos y épocas.

La escritura de Perpiñan se muestra clara y sin fisuras en la exposición. Más rica en matices en directo que en el disco según qué temas. El discurso exposición de tema, desarrollo solista y recapitulación es tradicional, pero la riqueza expresiva del camino andado entre medias es lo que impulsa a esta música que tuvo la complicidad de un sonido prístino (chapó!), que dejó perplejo a más de uno entre el público (lo que viene a decir que no es que la gente no entienda o no sepa, es que no le dan la oportunidad, aunque sea su primer concierto de jazz). Todo, absolutamente todo, se escuchó. Los detalles más pequeños y metálicos de la percusión, la guitarra cimbreante y atinada, el cuerpo melódico del bajo y el discurso plácido pero no complaciente del saxo. Llama la atención el sonido de Carlos Bermudo en la guitarra eléctrica, cómo cada día, sin que él parezca advertirlo, se parece más al de John Abercrombie, sereno, cercano al mundo de cámara, sutil, conciso, ajustado a la melodía pero a la vez buscando su salida.

En Perpiñán se reconocen los estilos del hard bop, Sonny Rollins, la expansión de Coltrane, la afinación y afectos de Dexter Gordon… Y de Joe Henderson. Sorprende su versión en directo de I Don`t Know what to Do, constreñida en el disco y aquí resuelta y refulgente, en su mixtura de ritmos afrolatinos en la poliritmia siempre segura y expresiva de Nacho Megina, entre cha-cha-chá y blue-bossa. Estructura modal pues estamos en ese ciclo cronológico antes detallado, en Closely Unrelated Modes, Coltrane, Miles Davis, finales de los 50 con ese sabor de refinación tímbrica y empuje melódico. Luego una balada, trabajo de clase traído de la Berklee sobre Ellington y Strayhorn, delicada, honda, poética, tiempos lentos, difíciles y lentos, percepción del tiempo y espacio que a algunos le pareció excesiva (se entiende, no estamos para muchos romanticismos culturales). Y llega Olvidando, y Javier Delgado define en el contrabajo la dificultad estructural de un tema destacado en el disco que aquí parece falto de frescura. Es el más complejo armónicamente, en su tempo y silencios; usa una serie de las Tres piezas para orquestra de Alban Berg, dodecafonismo con intermedios (no lo pongo en italiano) de swing liberador y un desarrollo en el que se nos antoja habría que seguir indagando hacia formas libres marcadas por su intrincado comienzo. Escritura, improvisación, exigencia que desde aquí percibimos como terreno fértil.

Tanto como mis recuerdos. Podía haber nacido en un pueblo de castilla (“la vieja” entonces) o incluso en la Valencia de Leandro Perpiñan, si ése hubiera sido el destino aceptado que pidieron mis padres, pero no, al final fue frente a esa plaza donde la música que hoy escucho y los recuerdos del ayer se encontraron de manera extrañamente cómplice y azarosa.

 

Fuente: Cuadernos de Jazz[:en]

Leandro Perpiñán Quartet

Plaza de la Constitución, Utrera (Sevilla), July 24, 2012

One is not where born but where is becoming. A life that is opened by walking and the terroir little surprised they traveled response when you ask the question of rigor. Nothing new. Back right next to the building where I was born to see a jazz concert. It is not the Trinidad de San Sebastián square, is the place of my people, but almost no one recognizes me.

Meetings and heartbreaks
Leandro Perpiñán is a saxophonist who knows perfectly the mainstream of its instrument, that is to say jazz. He will know, being Valencian and coming from that tradition of good metals then cultivated at Berklee, how it has gone to Sevilla. Listening to accent your partner one comes to understand it. More complicated is to find his quartet and a highlight of hispalense jazz in a town like Utrera, which is not that is far from the capital, of course, it’s just that inevitably results in a listless city (same should say nondescript, but not, I said listless). Although this happens in a unique and unprecedented case, surprisingly affable with jazz, at least during these days of workshops and concerts between genres (classical chamber, baroque, flamenco and jazz) in which the headstrong, necessary and lonely place (thanks to the efforts and restless mind teacher at the Conservatory of Music in Seville and saxophonist Juan Jimenez) Utrera sounds: you know, as most sounds is as vertex of the triangle of the historic Flemish (already disappeared: ie last) to which should the people and their politicians …

Leandro presents each topic combining pedagogy and complicity. Two standards, Isotope (1964) Joe Henderson and Joy Spring (1955) by Clifford Brown, open and close the concert establishing a chronological and aesthetic bridge that runs the inspiration for his compositions. In his introduction, due to the emotional theme which nourishes, summary also the two poles of Lovers Again and Forgetting that mark from beginning to end his recent and recommended album with this line: excel reasons heartbreak and reunion. Timely opening words in a “family” place where there may be only the “public” with jazz opportunity for this year and what it implies in the calendar (decades). Saxophonist relaxing scenic distance with the audience and motivates the respectable to identify with the sounds and musical aspects of styles and eras.

Leandro Perpiñán writing shows clear and seamless exposure. Richer in nuances live than on record as what topics. The speech exhibition theme, solo development and recapitulation is traditional, but the expressive richness of the path taken in between is what drives this music that had the complicity of pristine sound (chapó!), Who stumped more than one in the public (which is to say that is not that people do not understand or do not know, do not give you the opportunity, even his first jazz concert). Everything, absolutely everything, was heard. Smaller and metallic percussion detail, willowy and wise guitar, bass and melodic body of the placid but not complacent sax speech. Draws attention to the sound of Carlos Bermudo on electric guitar, how every day, but he seems to notice, is more like John Abercrombie, serene, close to the world of camera, subtle, concise, set to the melody but the After looking output.

Leandro Perpiñán styles of hard bop, Sonny Rollins, Coltrane expansion, pitch and Dexter Gordon affections … And Joe Henderson recognized. Surprise your live version of I Don`t Know What To Do, unconstrained disk and settled here and effulgent in its mixture of Afro-Latin rhythms in expressive always safe and polyrhythmic Nacho Megina, including cha-cha and blue -bossa. modal structure as we are in that before detailed in Closely Unrelated Modes, Coltrane, Miles Davis, the late 50s with the taste of timbral and melodic thrust chronological refining cycle. Then a ballad, class work brought from Berklee Ellington and Strayhorn, delicate, deep, poetic, slow, difficult and slow times, perception of time and space that some seemed too (it is understood, are not to many cultural romanticisms ). And it comes Forgetting, and Javier Delgado defined in structural difficulty bass prominently in the album here seems lacking freshness issue. It is the most complex harmonically, in its tempo and silences; uses a series of three pieces for orchestra of Alban Berg, dodecafonismo with intermediate (do not put it in Italian) of liberating swing and development in which it seems to us we should continue work towards free forms marked by its intricate beginning. Writing, improvisation, demand that from here perceive as fertile ground.

Much as my memories. He could have been born in a village of Castile ( “old” time) or even in the Valencia Leandro Leandro Perpiñán, if that had been the accepted fate asked my parents, but the end was facing the square where the music today I hear memories of yesterday and found themselves strangely accomplice and haphazardly.

 

Source: Cuadernos de Jazz[:]